Publicado en 4º Estágio Nível 2, 5º e 6º Estágio Nível 2, POEMAS/CONTO/ LITERATURA AFINS

Poemas diversos – en español

FAVILA

(José María Eguren)

En la arena

se ha bañado la sombra

una, dos

libélulas fantasmas…

Aves de humo

van a la penumbra

del bosque.

Medio siglo

y en el límite blanco

esperamos la noche.

El pórtico

con perfume de algas,

el último mar.

                       En la sombra

                                                 Ríen los triángulos.

SOBRE LA POESÍA

(Juan Gelman, Argentina)

habría un par de cosas que decir

que nadie la lee mucho

que esos nadie son pocos

que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial

 y con el asunto de comer cada día

se trata de un asunto importante

recuerdo cuando murió de hambre el tío juan

decía que ni se acordaba de comer y que no había problema

pero el problema fue después

no había plata para el cajón

y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo

el tío juan parecía un pajarito

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén

murmuraban

que siempre los están molestando

que ellos eran hombres y enterraban hombres

y no pajaritos como el tío juan

especialmente porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje

hasta el crematorio municipal

y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos

y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca

el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que

les hacía pío-pío en la cabeza

el tío juan era así

le gustaba cantar

y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar

entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato

y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza

pero volviendo a la poesía

los poetas ahora la pasan bastante mal

nadie los lee mucho

esos nadie son pocos

el oficio perdió prestigio

para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha

ser candidato a presidente

que algún almacenero le fíe

que un guerrero haga hazañas para que él las cante

que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron

las muchachas

los almaceneros

los guerreros

los reyes

o simplemente los poetas

o pasaron las dos cosas y es inútil

romperse la cabeza pensando en la cuestión

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío

en las más raras circunstancias

tío juan después de muerto

yo ahora

para que me quieras

¿Qué edad tengo, dijiste?

(Terje Dragseth, Noruega)

Yo soy él.

Soy un sombrero y una chaqueta de cuero. Soy un mal diente y un palillo en mi bolsillo.

Pero no lo soy.

Tengo seis años.

Tengo seis años y soy el encaje y me falta un diente.

Tengo cincuenta años.

Tengo cincuenta y estoy cachondo y sin afeitarme, quemándome en una hoguera.

Soy una bota y un zapato.

Soy un año lindo.

Soy lindo y huele a cannabis dulce y una chica me está esperando.

Su nombre es Kari y vive en Kobberveien.

Tengo años.

Sí, sí. Sesenta años reales.

Estoy comiendo una pelota de coco y viendo fútbol en la tele.

Tengo años.

Tengo años y estoy firmando un poema que nunca terminará.

Escribiendo el poema que estoy escribiendo ahora.

Tengo tres años.

Tengo tres años y experimento la oscuridad como la oscuridad y estoy abrumado por el espacio extraño. Que es el mundo.

Tengo años.

Tengo años y vivo bajo una escalera. Me estoy riendo a carcajadas en el café. Tengo una pieza de azúcar en mi café.

Tengo siete años.

Siete años y duro en un bar en Copenhague. Estoy sentado con el  borracho sin zapatos ni cinturón. Estoy más que solo.

Tengo trece años.

Trece años y extrañando a mi gato. Estoy cuesta arriba. Estoy familiarizado con un atajo.

Tengo años.

Tengo seis años y veo a mi hija y veo a mi hija y veo a mi hija y veo a mis hijas.

Son alienígenas brillantes.

Tengo diez años.

Tengo diez años y mascando un chicle. Me he alejado aún más de lo que era un hogar.

Tengo años.

Tres años y escribo un poema que no terminará. Estoy escribiendo el poema que estoy escribiendo ahora.

Tengo cincuenta años.

Tengo cincuenta años y medito bajo las nubes del cielo. Pienso en espaguetis, y Tarkovsky, y mi hermano.

Tengo catorce años.

Tengo catorce años y deseo a la esposa de mi vecino. Leí el pequeño libro rojo de Mao.

Tengo años.

Tengo años y a Jesús.

Un poeta vuela por una ventana. Otro poeta me confiesa sus herramientas más internas.

Tengo años.

Voy a tomar el tren a Berlín. Me emborracho. Cuento hasta diez en alemán. Digo: Gesicht.

Tengo dos años.

Tengo veinte años y estoy delgado como una estaca. Estoy en un jardín de manzanas calcinado.

Estoy eligiendo rogneberries. Un caballo me está pateando. Siento la prisa en sus pezuñas.

Tengo cuarenta y cinco.

Tengo cuarenta y cinco y prendo mi otro cigarrillo. Ya no creo en las rosas y en lo que se llama ′′ el mundo ′′ (esa es una palabra artificial).

Tengo nueve años.

Nueve años y besar a una chica en una playa. Tengo un puesto todo el camino a casa, así que duele. Tengo arena en mis zapatos y arena en mi cabello. Soy muy feliz.

Tengo años en el año y pensar que puedo comer todo y dormir bien ahora.

Tengo años y edad. Siento un descontento, siento  zozobra y escribo el poema que nunca termina y como escribo ahora.

Tengo años.

Tengo años.

Stéphane Mallarmé

Nada, esta espuma, virgen es

el verso que sólo a la copa

designa. Así lejos, en tropa,

sirenas húndense al revés.

Navegamos. Mi sitio es,

oh diversos amigos, la popa

y es el vuestro la proa que copa

rayos e inviernos. Embriaguez

gozosa ahora me convida

(su cabeceo no intimida)

a hacer de pie el saludo mío,

soledad, estrella arrecife,

a cuanto valga en este esquife

de nuestra vela el blanco brío.

Cabeza de fauno

(Arthur Rimbaud)

En la enramada que, florecida e incierta,
es verde estuche de oro recamado
de flores donde duerme el beso, alerta
y mirando el primor de su bordado,

sus ojos alocados el fauno ostenta;
muerden sus dientes en la flor de llamas,
y como un vino añejo es su sangrienta
boca al sembrar sus risas entre ramas.

Deja, al huir como la ardilla adusta,
perlerías de risa en cada hoja,
y hace que, atento a un vuelo que le asusta,
con su áureo beso el bosque se recoja.

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